La fotografía ha sido, desde hace muchos años, un eje central en mi recorrido creativo y profesional. No solo como práctica, sino como una forma de mirar y de comprender la experiencia.
El enfoque arteterapéutico me permitió acercarme a la imagen desde un lugar más amplio y sensible, entendiendo la fotografía como un lenguaje que integra percepción, cuerpo y proceso. Mirar no es solo un acto visual: es una experiencia que involucra atención, memoria y presencia.
A través de las imágenes que hago, que observo y que conservo, se va configurando un mapa personal: un entramado de momentos, procesos y etapas vitales que dialogan entre sí. La fotografía se convierte así en una forma de orden, de relectura y de resignificación de la propia historia.
Esta manera de trabajar con la imagen sostiene hoy mi práctica y los espacios que acompaño: una fotografía entendida como experiencia, como proceso y como territorio de exploración personal.